Cuando piensas en un actor profesional, quizá lo primero que viene a la mente es su experiencia frente a una cámara, sus obras de teatro o los personajes que ha interpretado. Pero, ¿qué es lo que realmente distingue a un profesional de alguien que actúa de manera amateur?
La diferencia no está solamente en que participes en más proyectos. También tiene que ver con la forma en la que entiendes tu trabajo, las herramientas que desarrollas y la responsabilidad que asumes sobre lo que haces.
Para Harif Ovalle, profesor de CEFAT, la profesionalización actoral implica mucho más que aprender técnicas de interpretación. Supone construir conocimientos, desarrollar criterio y comprender la tradición de la disciplina.
¿Qué significa ser un actor profesional?
Para hablar de profesionalización primero hay que entender qué significa ser profesional.
En la actuación, esto implica adquirir herramientas que permitan trabajar de manera consciente y responder a las exigencias de una escena. Pero también supone asumir una responsabilidad sobre el propio trabajo.
Harif lo plantea de manera directa:
“El profesional es quien se responsabiliza, es quien tiene un conocimiento, un dominio incluso técnico, poético, metodológico, teórico de lo suyo.”
La formación profesional, entonces, no consiste únicamente en aprender a interpretar un personaje. Implica desarrollar diferentes dimensiones que te permitan entender qué estás haciendo, cómo lo estás haciendo y por qué.
Esto incluye la técnica, pero también la metodología, el estudio, el criterio y una mirada más amplia sobre la actuación.
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En la actuación, tu instrumento también eres tú
Hay una particularidad de la actuación que cambia por completo la manera de entender la formación. Un músico puede trabajar con un instrumento que existe fuera de él. Un pianista, por ejemplo, puede estudiar su instrumento, practicarlo y desarrollar su dominio sobre él.
En la actuación, la relación es diferente.
Harif explica:
“Para el artista escénico, el actor, la actriz, es sujeto y es objeto al mismo tiempo.”
Tu cuerpo, tu voz, tu energía y tu dimensión afectiva forman parte de las herramientas con las que trabajas. Por eso, profesionalizarte también requiere aprender a reconocer y desarrollar aquello con lo que cuentas.
Esto no significa convertirte en alguien diferente. Significa conocer tus posibilidades y aprender a ponerlas al servicio de la actuación.
En una escuela de actuación, ese proceso puede comenzar con ejercicios de conciencia y exploración para reconocer las capacidades que después se convertirán en herramientas de trabajo.
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La técnica no es suficiente
Aprender técnica es fundamental, pero la formación profesional no termina ahí.
En la entrevista, Harif distingue entre las herramientas técnicas y otra dimensión que considera indispensable: la responsabilidad.
“Cuando hablo de una responsabilidad me refiero a todo otro aspecto que no es el aspecto técnico: es el aspecto ético, es el aspecto actitudinal.”
Esta responsabilidad se relaciona con elementos muy concretos: disciplina, rigor, capacidad de estudio y una actitud comprometida con el proceso de formación.
Ser profesional implica entender que una escena no se construye solamente con talento o intuición. También requiere preparación, capacidad para estudiar y disposición para seguir desarrollando las propias herramientas.
Por eso, cuando buscas una escuela de actuación, vale la pena preguntarte no solo qué técnicas vas a aprender, sino qué tipo de preparación te ayudará a construir una mirada profesional sobre tu trabajo.
¿Por qué un actor necesita conocer la historia del teatro y del cine?
Hay otra parte de la formación profesional que puede pasar desapercibida: conocer la historia de aquello que haces.
Para Harif, un actor que trabaja en teatro necesita conocer la tradición teatral, la historia del teatro y la evolución de la actuación. Lo mismo sucede con quien busca desarrollarse en cine: necesita comprender cómo ha evolucionado la actuación frente a la cámara, sus lenguajes, técnicas y contextos.
No se trata de memorizar fechas o nombres por obligación. Se trata de entender de dónde vienen las herramientas y los lenguajes que utilizas actualmente.
Harif lo resume así:
“El conocimiento de la historia nos brinda la posibilidad de saber quiénes somos, nos genera identidad.”
Conocer tus referentes también te permite entender tus propios puntos de partida. Saber quiénes estuvieron antes, qué hicieron y en qué contexto trabajaron puede ayudarte a construir una búsqueda artística propia.
Conocer la tradición también te permite cuestionarla
Conocer la historia no significa aceptar todo lo anterior sin cuestionarlo.
Al contrario: conocer aquello que ya existe puede darte las bases para proponer algo diferente.
Harif señala que los cambios generacionales y las rupturas forman parte de la evolución artística, siempre que exista conocimiento detrás de ellas. La posibilidad de transformar una tradición empieza por saber qué estás transformando. Por eso, una formación profesional también puede ayudarte a desarrollar criterio.
Puedes coincidir con una forma de entender la actuación, cuestionarla o buscar otra. Lo importante es que esa decisión sea consciente y no simplemente el resultado de desconocer lo que ya se ha construido.
Como explica Harif:
“Y eso está bien porque eso es parte de un cambio generacional, pero es con conocimiento y no solo desde la ignorancia.”
Esta idea es especialmente relevante en una época en la que tienes acceso inmediato a una enorme cantidad de información sobre actuación, cursos, métodos y propuestas de formación.
Tener criterio te permite observarlas, compararlas y entender qué hay realmente detrás de cada propuesta.
Entonces, ¿qué deberías buscar en una escuela de actuación?
Si estás pensando en estudiar actuación, una formación profesional debería ir más allá de aprender algunas técnicas para interpretar.
Al elegir una escuela de actuación, puedes preguntarte:
- ¿Desarrollaré herramientas técnicas para trabajar en escena?
- ¿Aprenderé una metodología para abordar mi trabajo?
- ¿Tendré espacios para estudiar y desarrollar disciplina?
- ¿Conoceré la historia del teatro y del cine?
- ¿Aprenderé sobre las tradiciones de la actuación?
- ¿Podré construir un criterio propio?
- ¿La formación contempla tanto la dimensión artística como la responsabilidad profesional?
- ¿La escuela cuenta con instalaciones adecuadas? (Foros, duelas para entrenamiento corporal y sets profesionales).
La respuesta a estas preguntas puede ayudarte a distinguir entre una formación pensada para una experiencia ocasional y una formación orientada a construir bases profesionales.
Profesionalizarte también significa asumir tu proceso
Una formación actoral profesional busca darte herramientas para desarrollar:
- Técnica
- Metodología
- Disciplina
- Conocimiento
- Criterio
Porque antes de que un actor pueda responder a las exigencias de una escena, necesita haber construido las herramientas que le permitan hacerlo. Y antes de que aparezca tu nombre en los créditos, hay mucho que aprender, explorar y construir.
Si estás buscando una escuela de actuación donde puedas formarte como todo un profesional, CEFAT es el lugar ideal para dar ese primer paso. En octubre comienza una nueva etapa de formación. Contáctanos y empieza a construir tu propia historia.
Los créditos empiezan aquí.